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Confinamiento sanitario. Un camino hacia el reencuentro con el misticismo.

Actualizado: 13 abr 2021

Primero una mirada de contenido colectivo. En el siglo pasado, en los años previos y posteriores a la revolución del ’68, una gran movida social y política a nivel mundial confrontó abierta y explícitamente todo tipo de autoridad. Alcanzando también a los hogares, que fueron asaltados por dicha revolución libertaria. Sin esperarlo padres y madres vivieron un inesperado cambio en sus hijos. A escala mundial, perdonar los estrictos estudiosos de lo sociológico, la familia era considerada como el núcleo de la sociedad y dentro de ella la autoridad estaba fundamentada predominantemente en el temor a Dios y el correcto comportamiento, según mandamientos propios de cada religión, de cada miembro de la familia.

En aquellas décadas revolucionarias, donde la autoridad dentro de las familias también fue cuestionada, los hijos rompieron con todo paradigma y creencia de rigor enfrentándose a sus padres, sus credos y sus libros sagrados. Dando la espalda a sus “arcaicos” método para ejercer la autoridad. Arriesgándome a simplificar un proceso social muy complejo, sucedió que al distanciarse del orden familiar, también hubo un distanciamiento de las distintas religiones que amalgamaban a la familia como unidad.


A partir de allí, hijos y nietos, pero sobre todo hijos, evitaron y repelieron toda referencia vinculada a un Dios o entidad superior que organizara la moral y la ética de sus actos y relaciones personales. Sin percatarse que también dejaban atrás una relación mística que ofrecía refugio, acompañamiento y organización a todas las experiencias que sobrepasan los límites del poder y autonomía de las personas. Oriente ofreció a Occidente un pasadizo o puente para seguir avanzando y sostener el vacío interno y arquetípico que acompaña a la humanidad, como es la indagación de quién soy yo y qué me vincula con el todo que me rodea.


Sin la audacia de quien generaliza, pero si con el análisis de quien correlaciona, basada en la experiencia en acompañamientos, puedo referir que no pocos hombres y mujeres que actualmente oscilan entre los 28 y 68 años, son receptores de aquella ruptura del orden social, genuina por demás, que llegó a su máxima manifestación con la revolución del ´68. Hoy día hijas/hijos y madres/padres, con deseos de habitar un espacio místico desconocido, y muchas veces con la sensación de que les es inalcanzable, buscan conectar con un algo superior que dé sentido a sus vidas.


Segundo una mirada de contenido individual. Mientras mas acompaño a personas en los actuales momentos, en el que la nueva normalidad ha obligado algunas re interpretaciones de identidades y self, ha sido muy significativo el encuentro con un profundo y viejo Yo, poco reconocido y muy denostado, el Yo Espiritual, al que hago menciono en Expandir las posibilidades del YO/SELF (*).


Cuando se construye la noción de quién se es, del conjunto de identidades que darán soporte a cada persona a lo largo de la propia historia, hay un Yo Espiritual que inevitablemente emerge, buscando ocupar un espacio, en algún momento de su recorrido vital. Y aunque la cuarentena, no es exactamente la causa por la cual ha emergido en búsqueda de oxígeno y reconocimiento, sí ha sido un disparador para conectar con ese Yo al que se suele conocer en momentos extremos como lo son las enfermedades, la migración, la perdida de seres queridos, el despido, las decepciones o simplemente el hecho de madurar.


El #quédateencasa, ha significado también un #quédatecontigo y escucha tus propios pensamientos y emociones, mírate, evalúa tu vida, quién eres y quién quieres llegar a ser, siente y conecta con tus emociones. Al final, el obligado confinamiento ha impulsado a reconocer una especie de angustia existencial que parece tener una expresión emocio-sensorial que evoca una sensación de vacío o de pérdida del sentido de la vida. Ese vacío hoy ya no se explica a través de la profundización de los contenidos psicológicos personales (terapia) ni con el replanteamiento de nuevas acciones profesionales o de vida (coaching). Ese vacío y la búsqueda de refugio está dirigiendo a las personas hacia un diálogo interno entre su propia vulnerabilidad y el misticismo como un espacio que puede ser propio.


El temor a lo invisible y al contacto con la propia vulnerabilidad promovida por el invisible y todo presente covid-19, ha puesto sobre la mesa múltiples crisis personales (ya existentes) y de vacíos existenciales que el retorno a lo místico está sirviendo de contención a la creciente ansiedad por un futuro incierto.


Tercero una mirada de ti misma/mismo. Quizás cueste aceptar o reconocer que la especie humana, de la que eres parte indispensable, es peregrina en busca de conexión con el todo. Las especies animales y vegetales ya lo son, es tu capacidad de raciocinio y emoción la que te lleva a andar caminos que son rectos de maneras sinuosas. Independiente de los antecedentes religiosos o místicos profesados en el ambiente familiar en el cual creciste, cuando haces silencio, un silencio que obvia el significado de tantas palabras presentes en tu narrativa particular y habitual, muy seguramente entras en un estado de contemplación mística.


La contemplación (contigo como templo pera observar) ha sido sustituida con el tiempo por la meditación (aquietamiento, aislamiento) y luego por el hoy popular Mindfulness (atención plena al presente). Todas ellas te invitan a suspender el poder del raciocinio y las emociones y te conectan con la unidad, la totalidad, Dios o como le llames hoy. Cuando centras tu atención en los ritmos naturales que ocurren en tu cuerpo (inhalación-exhalación, sístoles y diástoles) te invade una sensación de unidad, que sustituye tus vacíos o angustias existenciales.


Hoy quizá falte el rigor y disciplina que se cultiva en la práctica religiosa, quizá hoy no es tan nítida esa humildad con la que nuestros antepasados se relacionaban con una imagen que representaba a Dios, quizá hoy aún consideres que las religiones no son el camino adecuado para ti, quizá te sea un poco vergonzoso manifestar tu fe, incluso te sea mas fácil defender derechos conquistados como la transexsualidad que decir y practicar disciplinadamente tu fe y devoción mística de manera pública. Con todo y esos quizás te invito a practicar el Silencio que te conduce a conocer tu Yo Espiritual.


Te invito a aceptar que hay en ti un natural y arquetípico Yo espiritual/místico que el covid-19 (u otra situación de peso) ha despertado. Te invito a considerar que en tu vida también puede haber otro efecto colateral del covid-19: el retorno a tu conexión mística disciplinada y con apertura para comprender viejos preceptos espirituales con una mirada actualizada.


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